Rosario Dawson dice nunca quiso ser actriz
Es una fría mañana de invierno en Nueva York, pero para Rosario Dawson todo es cálido y color de rosa. La actriz llega para la entrevista cargando un ramo de rosas y otras flores, pero no son el regalo de algún admirador. Dawson las compró ella misma.
“Me gusta darle flores a la gente en la calle”, explica. “Es asombroso ver la cara que pone cuando le doy una flor. Después veo que la siguiente persona aminora el paso, como pensando si también a ella le voy a dar una flor”.
Su propósito de año nuevo para 2009, revela, es hacer del mundo un lugar mejor. “Se trata de ser amable”, precisa. “Si una persona desamparada pide dinero en la calle, no hay que ignorarla. Yo le digo: ‘Lo siento, no puedo”‘. Y se ríe.
“Una vez, en Nueva York, le di una pizza entera a un hombre que estaba escarbando la basura”, recuerda. “El me dijo: ‘No voy a tomar eso’. Entonces le dije que la dejaría en el suelo. Luego me alejé y él no podía creerlo”.
La actriz, de 29 años de edad y de origen afroamericano, cubano, irlandés, nativo americano y puertorriqueño, creció en Nueva York y conoce de primera mano los tiempos duros y las circunstancias sombrías.
“Crecí en una vivienda de paracaidistas en el Lower East Side”, afirma Dawson. “Me siento agradecida por las cosas que tengo en la vida, como mi familia, mi trabajo y estos admiradores. No doy nada de eso por sentado.”
Por “trabajo”, ella se refiere a su ocupada carrera en Hollywood, en la que encontramos un papel estelar de pareja de Will Smith en la película Siete Almas y otro en el drama de suspenso Killshot, que se estrenó esta semana en Estados Unidos.
En Siete Almas, ella interpreta a una paciente de trasplante de corazón que se enamora de un hombre misterioso (Smith), quien se autodesigna como su benefactor sin ninguna razón evidente. Para prepararse para este papel, Dawson observó cintas de cirugías de corazón.
“Ponía la cinta mientras comía mis palomitas”, recuerda. “Mi novio me decía: ‘¡No vas a comer viendo esto!’. Pero yo me comía mis golosinas y no me desmayaba. Hace años hice la disección de un globo ocular y de un pulmón. Estaba fascinada”.
Siete Almas es acerca de cómo arreglárselas en tiempos difíciles, dice Dawson, y para eso ella siempre se dirige a su familia.
“La gente que me ayuda son mi madre y mi abuela”, confiesa. “Créame, amo a mi papá y a mi hermano, pero quienes literalmente me paralizan el corazón son mi mamá y mi abuela.
“Cuando recibí el libreto de Siete Almas”, continúa, “estaba en un vuelo con mi mamá y mi abuela. Mi abuela estaba dormida encima de mi madre, mi madre encima de mí. Todo era perfecto. Mi madre también es diabética y asmática. Siempre me preocupo por su salud”.
Actuar y cuidar de su familia no son sus únicas misiones estos días, agrega Dawson. También está comprometida a hacer del mundo un lugar más seguro y con las cuestiones ambientales.
“No podemos desentendernos del estado de la Tierra”, afirma. “Si no podemos hacerlo por nosotros mismos, observemos un jardín de juegos y hagámoslo por los niños”.
El año pasado, ella se ofreció de voluntaria para registrar nuevos votantes. “Tocaba a las puertas para hablar con la gente”, precisa Dawson. “Le hacía saber que su voto era importante. Me respondían que nunca antes habían votado, que tenían 40 años y su voto no era importante. Yo les decía que sí era importante para mí. Entonces me preguntaban: ‘¿No es usted aquella actriz?’, continúa. “Yo les respondía que sí, pero que en esos momentos era una chica del registro de votantes”.
Eso no es todo: la actriz también trabaja de consejera en una organización no lucrativa de Nueva York. “Trabajo con mujeres de las que han abusado”, explica. “Hay tantas personas por ahí que sólo necesitan a alguien que las escuche!. Es lo menos que puedo hacer”.
Este tipo de trabajo no es común en las actrices de cine, pero en realidad Dawson cuenta que nunca consideró que sería actriz cuando era chica y vivía en Nueva York junto con su madre, que era cantante profesional.
“Yo nunca quise ser actriz” , asegura. “Pensaba que me estaría condenando a ser pobre. Mis familiares eran un montón de artistas, artistas increíbles, y todos eran desdichados. Así que yo lloraba en las noches diciéndome que jamás permitiría que me gustara la actuación. Pero ya me ves aquí… al final terminé sucumbiendo”.
Fuente: eluniversal