Luisito Marti dice no ha dejado de producir libretos
SANTO DOMINGO.- Fue en el sector Villa Duarte de la Capital donde Luisito Martí tuvo su primera guitarra, cantó una serenata y cultivó sus mejores amigos, entre ellos Cuso Cuevas. Él lo introdujo en la música en los albores de la nueva república tras la dictadura trujiilista. Desde entonces han pasado 45 años de una vida artística exitosa en diferentes facetas: música, humor, televisión, cine…
“No me he parado de producir, sigo escribiendo, tengo listos trabajos para el cine, la televisión y el teatro, los que pondré en marcha tan pronto salga de este proceso”, afirma Luisito, sentado en el sofá de su apartamento, el que en mayo pasado tuvo que dejar para irse a Nueva York a tratarse de un cáncer en el estómago.
La evolución es positiva. Se le ve con ánimo y buen aspecto físico. Señala que recuperó libras tras perder 15 en los primeros meses de la quimioterapia. Su peso normal es de 180 libras. Desde el diagnóstico lleva un tratamiento con el fin de reducir el tumor para entonces proceder a la cirugía.
“El próximo estudio será a principios de febrero y ahí veremos cuál es el resultado del tratamiento; dependiendo de eso, o lo continúan o lo cambian… hasta que se pueda hacer la cirugía”, comenta.
Hasta mayo su vida andaba afanada en acomodarse en su nuevo nido de cemento y varillas. “Cuando empezábamos a enamorarnos del apartamento, que decíamos: -vamos a poner esta cosita aquí, este adornito allí, ahí llegó mi problema y tuvimos que cerrar y marcharnos a Estados unidos. Por suerte allá estoy en casa de uno de mis hijos (Luisín), donde también tengo tres nietos y eso es una compensación bastante buena”.
Ayuda y oraciones
Luisito agradece el apoyo moral y económico del presidente Leonel Fernández, además de las oraciones de familiares, amigos y seguidores. “Mucha gente ha estado orando por mi salud, gente que ni siquiera conozco, y en realidad esas oraciones yo siento que han estado llegando”, afirma.
Aunque se siente cristiano, es honesto al manifestar que no es devoto o practicante.
“En realidad tengo fe, creo en Dios, Él está manejándolo todo y está obrando para que todo salga como tiene que ser, para que yo me sane perfectamente y me pueda dedicar a mi trabajo, pero yo no estoy en la Iglesia”.
No obstante, agrega: “Yo espero que el Señor me llame, que yo pueda sentir lo que sienten mis familiares para ir a la iglesia, a la que voy ocasionalmente como visitante”.
Su consejo para los hombres y mujeres es que se chequeen con los médicos siempre que perciban una molestia en su cuerpo y no le dejen la solución a los calmantes. Le encanta el moro Llama la atención que a pesar de que tiene cáncer de estómago, Luisito puede darse el gusto de comer lo que quiera. Sus platos favoritos son el moro de guandules con pescado o la comida china.
“Como más ahora que cuando comenzó el problema, pues no podía comer muchas cosas y, según los médicos, puedo comer todo lo que yo quiera; ni siquiera me han prohibido bebidas alcohólicas que, por prudencia, no las tomo”, indica.
Para esos antojos culinarios cuenta con el apoyo de Milagros, con quien tiene 42 años de casado. Juntos procrearon cuatro varones: Luisín, 40 años; Franklin (Kaki), 39; Omar, 37, y Robert Luis, 33. Además, son abuelos de 9 muchachos.
Luisito conoció a Milagros cuando un amigo, que era hermano de ella, lo llevó a su casa y ahí vio a su futura “media naranja”. Al momento de casarse, él tenía 21 años y su esposa 18.
“Él era, y es, muy tímido, pero para decirle a una mujer que le gusta no lo es… es que para que no le coja otro alante, ¿tú me entiendes?”, interviene Milagros, queriendo significar que para enamorarla no fue nada penoso.
FACETAS
De mecanógrafo a estrella artística
A sus 63 años, Luisito Martí recuerda que tuvo una infancia y juventud plena: “Mi niñez fue inmensamente feliz, corriendo por los patios, soñando con lograr cosas, reuniendo centavitos para ir el domingo al cine o ir a un parque. Eran tiempos que uno lo cuenta y mucha gente no lo cree: en los colmados el panadero pasaba en la madrugada y dejaba amarrado un saco lleno de pan hasta que el colmado abría y metía el pan donde tenía que estar para vendérselo a los clientes, así mismo pasaba con la leche”.
Antes de enrumbarse en el mundo artístico, fue mensajero y mecanógrafo en la Secretaría de Salud y Previsión Social. Había necesidad de ayudar en lo económico a su madre, Concepción Hernández, doña Sensa. Su padre, Juan Martí, se había marchado a Estados Unidos en busca de mejor vida. “Mi madre hacía todo lo que hacen las mujeres pobres para sobrevivir: tenía un ventorrillo, jugaba sanes, lavaba… siempre había una venta de algo en mi casa, café de pilón, lo que fuera para que yo fuera a la escuela.
No llegó a la universidad, “lo que añoré”, pero la vida lo puso en el camino de la música y la televisión. Con ayuda de Cuso Cueva entró a la banda de música de la escuela (tocaba la corneta) y luego al grupo experimental Orfeo Negro. Más adelante en el Combo Show de Johnny Ventura, con el que tocó la percusión, compuso y cantó los recordados “¿Qué pasa papo?”, “Te digo ahorita”, “Mamá es la que sabe”, en los que ya se perfilaba su lado humorístico. El deseo de formar su propio grupo lo llevó a separarse del Combo Show y en 1976 formar el Sonido Original.
Sin embargo, en los años 80 inició una nueva etapa: la televisión, que había experimentado como productor del Show de Johnny Ventura y que siguió en “Fiesta” (en el que tenía los “Jueves de la alegría”). En “El show del mediodía” (entró en 1983) encumbró sus personajes: Balbuena (su buque insignia), Casimiro Valdez, Belarminio y otros que lo redimensionaron como estrella artística dominicana.
Fuente: Listin Diario